Ángel caído
"El ángel caído" de Alexandre Cabanel; un cuadro que se pintó en 1847 en Francia y bastante popular hoy en día que a mí, al igual que el resto del mundo, ha cautivado. Su autor con esta obra intentó a través de un lienzo contar la historia de Lucifer, el que un día fue la mano derecha de Dios, y quién se reveló contra él cegado por la codicia y la ambición, y emprendió una batalla celestial que concluyó con su exilio, cuando derrotado por el arcángel San Miguel se transformó en el primer ángel caído tras su exilio.
¿Lo peculiar de este cuadro? Cumple perfectamente con todo lo que se espera que cumpla una obra de arte. "El ángel caído" cuenta una historia, transmite emociones y sentimientos, y es una preciosidad; todo de una manera tan obvia que incluso los que conocemos poco de Historia del Arte podemos apreciar. Es admirable la forma en la que su autor, Cabanel puede diseñar un rostro que con solo la mirada pueda hacernos sentir la angustia e impotencia que siente el personaje, y yo, embelesada con la posibilidad de transmitir tanto con la pintura quise intentar recrear este lienzo.
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| Mi versión del Ángel Caído con acuarela |
Para ello me centré en una parte muy concreta de la pintura: la cara, e inmersa durante esa época en las acuarelas, fue la técnica que utilicé para llevarlo a cabo. Este dibujo lo realicé en 2020, y aunque no puedo decir que me acuerde de todo perfectamente, se que hubo algunos momentos dudosos de que la cosa fuese a salir bien. Había muchas sombras y muchos rasgos; y aunque el ojo derecho fue difícil por su oscuridad lo difuminado, sin duda lo que más fastidió fue sin duda la lagrima. Nunca pensé que algo que debía ser blanco pudiera dar tanta fatiga, pero bueno entre el agua y los lápices acuarelables acabó resultando algo de lo que estoy muy orgullosa.
| Obra real |
En la actualidad esta obra se encuentra en El Museo Fabre en Montpellier de Francia y como dato curioso diré que Alexandre Cabanel, a sus 24 años, fue el primero en presentar al diablo en La Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, y que al hacerlo declararon que el movimiento estaba mal, el dibujo era impreciso y la ejecución bastante deficiente.
Así que si algo podemos deducir de esto, es que tanto el arte como las opiniones son subjetivas, y que la combinación de mitología, emociones y oleo nos ha dejado regalos como este destinados a ser admirados.





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