La inspiración ¿de donde viene?, ¿llega sola?, ¿se cultiva?, ¿qué es en realidad?

    Se habla mucho de que la razón es lo que nos diferencia del resto de animales con los que convivimos, que es la característica que nos convierte en seres evolucionados y distinguidos, pero ¿qué hay de la inspiración? 

     Como la cuestión de ¿qué vino antes el huevo o la gallina?, se puede presentar la incógnita entre estos términos. Sin duda, el intelecto es lo que nos lleva a conclusiones lógicas, pero si seguimos la corriente de pensamiento mayoritaria y asumimos que la inspiración es esa revelación que provoca una idea, ¿Fue la razón la causante de la inspiración o fue precisamente al contrario?


    Lo que sí es indudable es que nace con la civilización. La chispa al frotar dos piedras o el plasmar escenas en cuevas, fueron las pioneras representaciones de uno de los dotes humanos más reclamados por sus poseedores. A este “don” se le atribuyen todas las creaciones imaginables, desde la cucharilla apoyada en la taza de café o el imponente Acrópolis Griego, hasta la teoría de la relatividad de Einstein;  todos surgieron de este repentino brote de creatividad.


    No obstante, como lo bueno nunca viene solo, lo preciado de esta cualidad la convierte en algo anhelado por muchos; hay una lucha desesperada por la búsqueda de la inspiración y del reconocimiento que conlleva dar con una creación. Y cogida de la mano, ocasionalmente la codicia y el egoísmo manchan y lo mágico y especial implicado en ella.


    Yo, particularmente, no considero la inspiración algo excepcional u ocasional, si bien es cierto que tienen que darse varios factores para que salga a flote, ir en su busca y dar con ella es una tarea perfectamente posible. Cuando pienso ¿qué es la inspiración? Lo primero que se me viene a la mente es un suspiro. ¿Sabes ese suspiro que sueltas y el pensamiento de <<vamos a ello>> antes de hacer algo que no puedes ni prever en qué resultará? Para mí, ahí comienza la inspiración. La determinación de encomendarse en una tarea que puede resultar maravillosa o un auténtico desastre; es ubicarse delante de un lienzo en blanco pincel en mano, un documento de word vacío, un examen que apenas has estudiado o incluso el momento justo antes de levantarte de la cama por la mañana. Es ese  estado emocional decidido a crear algo, y es algo tan intrínseco de nuestra naturaleza que lo usamos cotidianamente sin darle importancia.


    La misma palabra proviene del latín “inspiratio” y esta a su vez, del verbo "spirare" que significa "soplar en" o "respirar". Pero indiscutible es sin duda que solo respirando no se llega a buenas ideas. Hay que combinarlo con la concentración, el entorno adecuado y una predisposición a transmitir las emociones que sientas en ese momento para luego darles forma a algo decente. No es un proceso fácil, estamos llenos de pensamientos e inquietudes que nos distraen constantemente, yo misma llevo dándole vueltas a estas palabras varios días sin ser capaz de darles forma. Y es aquí cuando aparece la constancia.


Dicho esto, respira profundo y dime ¿qué creamos hoy?

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